Imagina qué pasaría

Cualquiera que me conozca un poco sabe el miedo que me da la muerte. Le llamo “miedo” para que se entienda, porque lo que yo siento cuando pienso en el momento en el que ya no pueda corregir lo que dije no tiene nombre, nunca mejor dicho. La diferencia abismal entre algo tan fuerte como el ser y el no ser.  Y para mí es algo natural que  algo así me provoque esa sensación. Es por eso que, cuando me preguntan por qué me pasa, por qué pongo así, suelo contestar con un “la verdadera pregunta es por qué no te sucede a ti”.

No hay absolutamente nada que pueda pasarme que haga que me estremezca tanto como lo hace el ser consciente de mi condición de humana —algo que me sucede bastante a menudo, por cierto—. Sin embargo, sí hay ciertas cosas que me provocan una sensación parecida, y la más importante de todas ellas es el saber cómo soy realmente.

Imaginad por un momento que sois otra persona, una de vuestro entorno. Que sois otra persona pero seguís manteniendo parte de vuestro cerebro, que podríais reconoceros si os vierais pero opináis sobre vosotros mismos como otra persona distinta. Ahora pensad que un día os cruzáis con vuestro otro yo y resulta que sois unos capullos. ¿No os da miedo?

Me aterra la idea de saber quién  soy en realidad, saber si mi concepción de mí misma se corresponde con la de los demás. Porque puede ser que te acerques; que, si eso sucediera, te miraras a ti mismo y dijeras: “muy bien, merezco la pena. Soy una buena persona, después de todo”. Pero imagina que no, que un día te despiertas, sucede, te miras a ti mismo y resulta que no eres tan buena persona como creías, ni tan guapo, ni tan comprensivo, ni tan alto y te encuentras con que ni siquiera tu voz es bonita. ¿Qué haces entones?

Hay otro supuesto incluso peor que prefiero obviar normalmente: imagina que pasa y que, al volver al estado original, no recuerdas absolutamente nada de lo sucedido. Y así, sigues viviendo mientras eres la persona que no quieres ser, mientras actúas de la manera en la que no quieres actuar. Lo peor de todo, es que este es el estado en el que vivimos desde que sabemos que existimos. Y no hay manera de remediarlo.

Qué horrible sería, qué horrible es.

*Entrada de otro blog antiguo que he decidido eliminar.

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Un pensamiento en “Imagina qué pasaría

  1. Holi.

    Todo lo que comentas, para mí, es el sentido de la vida. La vida solo tiene sentido porque tiene un comienzo y un fin, y durante el desarrollo “juegas” con ella (a mí me gusta mucho hacer analogías con los juegos). No es un juego en el que los errores sean corregibles volviendo atrás (que sepamos) ni permite ver las cartas del de al lado, por muchas triquiñuelas que hagas. Y depende de la fase del juego en la que estés, puedes ir ganando por mucho o perdiendo igualmente. Pero nunca ganas del todo, ni al final de tu vida hay un ranking para medir tu desempeño. Y todo eso, ese todo y nada a la vez, es lo que hace que se pueda disfrutar de verdad; de otra forma, sería todo muy aburrido.

    Tenerle “cosa” a todo eso y a la muerte es muy comprensible. Yo creo que eso es lo que nos hace tomar decisiones que impidan que nos acomodemos, que nos obliguen a avanzar. Si no fuera por eso, más de uno (y yo el primero, que soy un comodón) seguiría viviendo del cuento muchos años. Menos mal.

    Besis.

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